Por Art1llero
Cabo Verde no levantó el trofeo ni avanzó a la siguiente ronda, sin embargo, conquistó algo igual de valioso, el respeto de millones de aficionados. Miró de frente al campeón del mundo, desafió todos los pronósticos y convirtió un partido que parecía sentenciado en una batalla inolvidable.
Historias como esta explican por qué el fútbol sigue siendo el deporte más fascinante del planeta. Porque, cuando el balón comienza a rodar, los pronósticos, la tradición y la historia pesan menos que el coraje, la convicción y el deseo de ganar.
Argentina sigue su camino en el Mundial, Cabo Verde regresa a casa, pero lo hace con el respeto y el reconocimiento de quienes fuimos testigos de una gran demostración de valor, coraje y dignidad.
Gracias, Cabo Verde, por recordarnos que la grandeza no siempre consiste en ganar; muchas veces consiste, simplemente, en atreverse a competir de igual a igual contra quien parecía invencible.
