Por: Edgard González Suárez
Los ataques del ejercito ucraniano, la semana pasada, a dos bases aéreas en Rusia, una en Saratov, y otra en Ryazan, provocaron no solo la ira del alto Comité central militar en la federación Rusa, sino que creó cierta consternación tanto en Europa como en los EEUU, quienes se vieron obligados a señalar, mediante sendas conferencias de prensa, que “Ucrania debía abstenerse de atacar territorio ruso”, según confesó, el comisionado de prensa de la casa blanca, y posteriormente, el mismísimo Antony Blinken, Secretario de Estado Norteamericano, se vio obligado a precisar, que “el armamento que se le estaba proporcionando a Ucrania era para defenderse de Rusia, pero no para atacarla en su territorio”.
Los ataques, del pasado 6 de diciembre, tocaron, según los informes rusos, dos aviones bombarderos tipo Tupolev, dañando los fuselajes de dos naves y matando a varios soldados rusos en la zona. La acción calificada por Rusia como un ataque terrorista desencadenó toda clase de especulaciones, y la prácticamente ruptura del dialogo entre Rusia y Estados Unidos para diseñar un fin a la guerra en Ucrania.
En respuesta, Vladimir Putin, consideró que habría venganza y no habría consideración de ninguna especie.
Sin embargo, como siempre, se contrapone la narrativa americana y ucraniana, esa que sostiene que el hecho de que Rusia no haya podido defender su espacio terrestre más allá de la línea del frente, es indicio inequívoco de que Rusia no esta preparada para una guerra ni contra Ucrania, ni contra la OTAN. Y, por otro lado, la narrativa rusa, que sostiene, que esos ataques son muestra inequívoca de que es la OTAN y los EEUU los que están financiando y armando a Ucrania para sostener una guerra más prolongada de lo previsto.
El escenario internacional acabó de congestionarse cuando, al otro día, precisamente el 7 de diciembre, Angela Merkel, excanciller alemana, confirmó que los acuerdos de Minsk, que sostuvieron Alemania, Francia, Ucrania y Rusia en 2015, no tuvieron otra intención más que ganar tiempo para que Ucrania pudiera financiarse, militarizarse y preparase para la guerra.
Los ataques a los aeródromos, y las declaraciones o confesiones de Merkel, desataron la furia rusa y Putin, en plena sesión del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, definió como obligada la reacción rusa, y de inmediato se reanimaron los ataques rusos en el frente y en casi toda Ucrania, incluida Kiev, y ahora la ciudad de Odesa, donde más de 1 millón de personas, según reporta TV española, se han quedado sin electricidad.
Los bombardeos sobre toda Ucrania parecen inmisericordes, la andanada de drones, misiles y enfrentamientos terrestres en el frente, parecen estar machacando la moral de los ucranianos. El mismo Zelensky, que ahora se le ve ojeroso, cansado y de hablar lento, a pesar de pedir animo a la población, connota fatiga y cierta desesperación. El meteorológico ucraniano reporta para esta semana que inicia una temperatura que oscilará entre los -2 grados hasta los -5 grados bajo cero. Y de este día hasta el día 25 de diciembre, el clima en Ucrania, pero sobre todo en Kiev, será Nevado, nublado, lluvia débil y vientos fríos moderados de 17 km/hr.
Pero fue el propio Putin quien vacío un balde de agua fría a la moral ucraniana y europea, cuando sostuvo que no hay “motivos para negociar nada con los EEUU, occidente sigue con su plan de derrotar a Rusia en el campo de batalla”, seis horas después el canciller Sergei Lavrov, sostuvo que rusia siempre ha estado dispuesto a negociar con ucrania, siempre y cuando se “respeten nuestras demandas absolutamente legales”. Acusando a Macron y a Europa de siempre hablar de negociaciones sin concretar nada.
Por ahora, parece inevitable que toda Ucrania y Europa pasen una espantosa navidad, con un congelamiento ciudadano.
