Edgard González Suárez
No deja de ser interesante que el conflicto pretendido entre Rusia y Ucrania revele de fondo una serie de contradicciones, alianzas, desafíos e intereses geopolíticos, y que siempre son más bien geoeconómicos.
A la pretendida narrativa norteamericana y europea de que la guerra en Ucrania es producto del expansionismo ruso, y su innoble deseo, por ver sometido a sus intereses de seguridad, al pueblo ucraniano, ha dejado de ser seria y viable, como hipótesis única, para entender el conflicto. Eso nadie lo cree, sin embargo, es parte del caballito de batalla mediático para encuadrar el conflicto en una suerte de agresión rusa a la estabilidad del mundo.
En el bando contrario, los rusos han querido instalar, si es que han podido superar el bloqueo y censura a sus canales de difusión en el mundo, la hipótesis de que Ucrania es gobernada por una pandilla de neonazis que presionan para adoptar políticas antirrusas, xenofóbicas, nacionalistas e insisten en sumarse al boque militar de la OTAN, para armarse y prepararse para la batalla contra todo extranjero. Hipótesis también demasiado sesgada y que sirvió de argumento para la invasión a Ucrania.
Otro campo explicativo se ha dado alrededor de una lucha a muerte entre potencias por el Gas y el Petróleo que alimenta a Europa, que vienen de Rusia y pasan a lo largo de Ucrania, y tanto estadounidenses como rusos decidieron enfrentarse, de distintas maneras, dentro y fuera del territorio ucraniano.
Un tercer marco de interpretación se ha dado alrededor del intento de los BRICS por romper la hegemonía económico-financiera de los Estados unidos, y consolidar un multilateralismo más equilibrado y justo en sus relaciones económicas. Desde su aparición como “idea” a inicios del siglo XXI, los países no europeos ni anglosajones, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, fueron consolidando sus relaciones comerciales internas y externas y fueron dando forma a un bloque de economías emergentes que controlan hoy mas del 30% del PIB mundial, tienen entre todos cerca del 50% de la población mundial y movilizan un 30% de inversiones en el mundo.
La narrativa geoeconómica parece dar muchos elementos para entender los distintos movimientos que terminaron en las operaciones militares rusas dentro de Ucrania. Todo parece indicar que la tensión entre occidente y Rusia por el Gas y el Petróleo es solo la punta del iceberg, y que la batalla militar es solo una expresión de esa guerra geoeconómica y geopolítica.
Romper el suministro de Gas y Petróleo de Rusia a Europa ha sido un objetivo geoestratégico de los norteamericanos desde los años 60´s, es decir, hace ya casi 60 años que los EEUU pretenden, no solo romper la dependencia energética de Europa respeto de Rusia, sino, al mismo tiempo, romper esa fuente de financiamiento para el desarrollo social, económico y militar de la propia Rusia. Y de manera cada vez más evidente para convertirse en los nuevos proveedores de energía en Europa. Lo intentó la administración Kennedy, la de Reagan, la de Bush, y hasta ahora, con un propagandístico apoyo político y militar, la administración Biden lo está intentando, teniendo a Ucrania como laboratorio.
Pero, una variable está cambiando el escenario, China quien capitanea a los estados que buscan un mundo multipolar, pretende quebrarle algunos huesos al imperio americano, sin meterse en el conflicto ruso-ucraniano. Sin meterse en la financiación o el apoyo militar abiertamente, pero apoyando las pretensiones políticas geoestratégicas rusas, para intentar ganar espacios de maniobra financiera y comercial, en otras áreas de desarrollo económico y en otras partes del mundo.
La guerra y la geopolítica se muestran tal cual son, instrumentos al servicio de una correlación de fuerzas u “orden mundial”, que hasta los más escépticos piensan que será el resultado del fin de la Guerra Ruso-ucraniana.
