Por Jesús Utrilla
La prohibición del uso de teléfonos celulares en las escuelas no será suficiente para mejorar la atención ni el aprovechamiento académico de los estudiantes si no se acompaña de una estrategia de educación tecnológica, consideró el presidente de Comunidades Seguras en Veracruz, Jeremías Zúñiga Mezano.
Ante la entrada en vigor de las nuevas disposiciones que impiden a estudiantes de educación básica, hasta secundaria, llevar teléfonos celulares a los planteles educativos, señaló que, aunque la medida busca evitar distracciones durante las clases, también es necesario preparar a niños y adolescentes para desenvolverse en un entorno cada vez más digital y competitivo.
Consideró que prohibir los dispositivos sin enseñar a utilizarlos de manera adecuada podría tener resultados limitados, pues los estudiantes continuarán teniendo acceso a ellos fuera de las escuelas, donde pueden pasar entre ocho y diez horas utilizándolos.
Consideró que México debería avanzar hacia un modelo educativo que incorpore herramientas tecnológicas en las actividades escolares, como ocurre en países como Corea del Sur y Japón, donde los estudiantes tienen acceso a computadoras, laptops y proyectores dentro de las aulas.
Sin embargo, dijo que en México existe una brecha importante en infraestructura educativa, pues en muchos planteles no se cuenta siquiera con videoproyectores o computadoras en los salones, por lo que los teléfonos celulares podrían representar una alternativa para complementar la enseñanza si se utilizan bajo orientación de los docentes.
Explicó que los dispositivos pueden servir para elaborar presentaciones, consultar información, realizar investigaciones y reforzar los contenidos académicos, siempre que exista una regulación y una enseñanza sobre su uso responsable.
Mencionó que en 113 países se ha restringido o prohibido el uso de teléfonos celulares en las escuelas, sin embargo, los resultados no han sido óptimos cuando las medidas no se acompañan de estrategias educativas que permitan modificar los hábitos de los estudiantes.
Argumentó que retirar los dispositivos durante la jornada escolar no significa que los menores dejen de utilizarlos, pues al regresar a sus casas vuelven a tener acceso a ellos durante varias horas, por lo que el problema debe atenderse también desde el entorno familiar.
