El Papa León XIV finalizó la primera etapa de su visita a España con un acto de despedida muy emotivo ante casi 20 mil voluntarios que fueron cruciales para los numerosos actos multitudinarios que tuvo y en los que congregó en total a más de tres millones de personas, ya sea en las misas al aire libre, el discurso en el estadio Santiago Bernabéu o los paseos y baños de masa con el llamado “papamóvil”. La segunda parte del viaje le llevó a Barcelona, donde el líder religioso se dirigió a sus feligreses en los dos idiomas que se utilizan en la región, el catalán y el español, en un mensaje a favor de la “unidad” y de la “armonía”.
Robert Prevost finalizó su etapa en Madrid como jefe del Estado Vaticano, el primero que realiza desde que fue nombrado hace poco más de un año. Y se dirigió a Barcelona, la capital catalana, donde tendrá varias actos importantes en la región, entre ellos una misa en la Sagrada Familia, la obra cumbre del arquitecto modernista Antoni Gaudi, y una plegaria colectiva en la Abadía de Montserrat, uno de los lugares de culto más venerados de Cataluña por su enorme belleza y, para los católicos, por el simbolismo de su historia.
Aunque su primera parada fue en la Catedral de la ciudad, donde dio su primer discurso -una tercera parte en catalán y el resto en español, un idioma que conoce a la perfección por su larga estancia en Perú-, y en el que apeló a los que “se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Trabajar juntos no es una elección de ‘estilo’, sino una necesidad fisiológica. Es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día”.
Además, el Papa León XIV advirtió que “somos fuertes porque estamos unidos”, de ahí que instara a los presentes a estar “dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre”.
El acto inició con la celebración del rezo de la Liturgia de las Horas (en este caso la denominada Hora sexta, por ser al mediodía) en el altar mayor del templo gótico y en el que citó las palabras del Papa Juan Pablo II durante su visita a la ciudad en 1982, cuando se refirió al “ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a esta ciudad y esta región, a barceloneses y catalanes, a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes”. Pues el líder religioso insistió en su mensaje de alejar la crispación y el enfrentamiento:
“Los rostros de tantos hermanos y hermanas que se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser mártires, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”.
