Las obligaciones acumuladas que tiene México con el extranjero alcanzaron un tercio de la economía el año pasado, reportó el Fondo Monetario Internacional (FMI). De acuerdo con el organismo alcanzaron 34.8 por ciento del producto interno bruto (PIB), un leve aumento respecto a 2024; se debe a que aumentaron “ligeramente” los flujos netos de dólares hacia el país, pero también a que la apreciación del peso provocó un incremento en dólares de los pasivos que el país tiene en el exterior.
De acuerdo con un informe del organismo, el 34.8 por ciento del PIB que alcanzó la posición neta de inversión internacional (NIIP por su sigla en inglés) en México, fue ligeramente mayor al saldo negativo de 31 por ciento a finales de 2024. Ambos datos se encuentran por debajo del promedio de 45 por ciento durante el período 2019-2023, cuando la economía venía de la mayor contracción en nueve décadas, producto de la crisis por la pandemia de coronavirus.
Sólo para 2025, una combinación de fuertes exportaciones manufactureras con una inversión debilitada por la incertidumbre, resultaron en que el déficit de la cuenta corriente de México cerrara el año pasado en aproximadamente 0.4 por ciento del PIB, una medición que se encuentra más o menos en línea con lo que se espera para una economía como la mexicana, reportó el FMI.
Si bien ese déficit de la cuenta corriente –la diferencia entre lo que vende e invierte el país en el exterior y lo que que compra e invierten extranjeros aquí– se redujo del 0.9 por ciento que había resultado en 2024; esta disminución refleja una inversión contenida; así como un menor flujo de remesas y utilidades reinvertidas por parte de empresas extranjeras, lo que se compensó con mayores exportaciones, según el organismo.
El FMI agregó que si bien la política fiscal abonó con una brecha negativa, de 0.6 por ciento, al saldo de la cuenta corriente, en general “ su contribución es positiva”, dado que es menor a la del resto del mundo.
En ese punto estima que el déficit de la cuenta corriente se mantenga en este nivel de 0.4 por ciento en 2026, “con un déficit comercial creciente —que refleja una balanza petrolera más débil y una menor demanda externa— y remesas más bajas”; para estabilizarse en torno al -0.7 por ciento del PIB a mediano plazo.
El organismo volvió a recomendar “reformas estructurales” en infraestructura y gobernanza, en la reducción de la informalidad, en una mayor cobertura y alcance del sector financiero y en aumentar la participación del sector privado en el sector energético, a fin de “impulsar la inversión a mediano y largo plazo”. Estas modificaciones, según el FMI, no sólo tendrían efectos en el crecimiento, sino también acompañaría la consolidación fiscal –la reducción de la brecha entre gastos e ingreso– que se lleva a cabo y ayudaría a mantener el equilibrio externo.
Fuente: La Jornada
