Sabrina Carpenter sumergió a su público en un universo de nostalgia hollywoodense y referencias a la industria del espectáculo durante su debut como headliner en el escenario principal de Coachella 2026.
En uno de los segmentos más comentados del festival, la cantante de 26 años recreó un mundo de fantasía bautizado como “Sabrinawood”, hilando una narrativa de tras bambalinas que transformó el desierto de Indio, California, en un set de película.
El primer look de la cantante de “Manchild” en el escenario marcó el tono de la noche con una referencia directa a la estética de los años sesenta.
La artista apareció con un mini vestido Dior confeccionado íntegramente en lentejuelas rojas, corte línea A y escote en V ribeteado en seda burdeos.
Las mangas cortas y el cinturón fino en tono oscuro definieron la silueta, mientras que las medias de cristal y los Mary Janes blancos aportaron un guiño a la moda mod y el glamour clásico.
El peinado voluminoso y el maquillaje tipo cat-eye completaron el guiño a la “Old Hollywood”, estableciendo el código visual que recorrería la presentación.

La segunda propuesta de la noche apostó por la teatralidad y el contraste de texturas. Dior creó un body de encaje Chantilly negro con bustier de satén de seda, copas drapeadas y lazo central, dejando la zona abdominal completamente translúcida.
La pieza central del look fue una capa estructural tipo Medici, que se elevó tras la cabeza de la artista, evocando la moda aristocrática del siglo XVI reinterpretada con ligereza contemporánea.
Las medias de cristal y la joyería mínima permitieron que el trabajo de encaje y la estructura del cuello destacaran en el escenario, construyendo una imagen de sofisticación escénica.

El tercer acto visual presentó un equilibrio entre sensualidad y teatralidad con el mismo body de encaje negro y bustier de seda satinada. El elemento diferenciador de este look fue un velo de tul rosa pastel, que aportó volumen y contraste cromático.
La inclusión de pendientes largos de diamantes y una manicura en rojo intenso reforzó la propuesta de lujo para el escenario. El micrófono decorado con cristales completó el concepto de una “Lolita moderna”, donde la precisión técnica y el trabajo artesanal se pusieron al servicio del espectáculo pop.

En el cuarto cambio de vestuario, la moda se alineó con la dinámica coreográfica del show.
Dior diseñó un conjunto de dos piezas compuesto por un top halter asimétrico, que integró seda lisa, una flor tridimensional y cascadas de perlas y cristales, y una falda de flecos largos.
La falda de cintura baja, sin forro opaco, permitió que el movimiento de los flecos y las cuentas de cristal generara un efecto visual continuo en cada desplazamiento.
El uso exclusivo de blanco óptico y marfil acentuó el contraste con la piel bronceada de la artista, evocando el glamour de las coristas clásicas y el cabaret reinterpretados para el público contemporáneo.

El quinto vestuario homenajeó la estética retro-futurista y la música disco.
El eje central fue un bodysuit de lamé dorado platino con micro-lentejuelas, de corte alto en la pierna y cuello cerrado. El elemento teatral llegó con las mangas de tul blanco translúcido, que al elevar los brazos se desplegaron como alas ligeras, capturando la luz y la brisa del escenario.
El look se completó con botas go-go en amarillo mantequilla y medias de cristal, mientras que la presencia de unos auriculares de estudio y el micrófono clásico remitieron a una sesión de grabación en vivo, insertando nuevos códigos escénicos en la narrativa del show.

Fuente:Infobae
