Este 2026, la Ciudad de México se enfrenta a transformaciones significativas, desde sus paisajes hasta situaciones legales, y por si fuera poco, todo sucede mientras el contador para la inauguración de la Copa del Mundo 2026 se encuentra a 60 días para arrancar en el Estadio Banorte.
La emoción futbolera comparte espacio con la preocupación de habitantes chilangos, así como de investigadores, respecto al proceso de gentrificación que vive la capital mexicana.
Durante el coloquio Copa Mundial, Ciudad y Plataformas, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Iztapalapa, se abordó el impacto del Mundial 2026 en la metrópoli, enfatizando especialmente las transformaciones urbanas aceleradas que se viven durante un evento masivo como el que está en puerta.
Airbnb y nómadas digitales: piezas clave de la reconfiguración de la vivienda en CDMX
El riesgo de gentrificación y segregación urbana en la Ciudad de México se incrementa ante la llegada del Mundial 2026. El fenómeno, profundizado por la digitalización y el uso de plataformas de alquiler temporal, como Airbnb, podría transformar de manera acelerada el tejido de barrios tradicionales, afectando sobre todo a sectores vulnerables.
El rector general de la UAM, Gustavo Pacheco López, remarcó la necesidad urgente de establecer políticas públicas que enfrenten tanto la especulación inmobiliaria como la regulación de aplicaciones de alquiler. El directivo advirtió que, de no hacerlo, la ciudad corre el riesgo de quedar segregada y excluida.
Este 2026, México será sede mundialista por tercera ocasión, esta vez en conjunto con Estados Unidos y Canadá. En 1970, la inauguración del Estadio Azteca y el empate de la Selección Mexicana con la URSS marcaron el evento deportivo; quince años después, el Mundial de 1986 funcionó como un respiro anímico y de unión colectiva tras el devastador terremoto.
Cada edición ha estado marcada por eventos históricos y sociales diferenciadores, según el análisis presentado en el coloquio, la Copa del Mundo 2026 tiene la particularidad de coincidir con una “digitalización profunda” de la vida cotidiana y la expansión de plataformas digitales de alojamiento.
Durante la pandemia de COVID-19, la ciudad experimentó un arribo considerable de nómadas digitales provenientes de países como Estados Unidos, Canadá y varias naciones europeas. Estas personas se asentaron principalmente en barrios como Roma y Condesa, así como en zonas turísticas de Oaxaca y Tulum. La ola migratoria trajo consigo nuevas formas de consumir, de divertirse y de trabajar a las grandes ciudades mexicanas.
De acuerdo con los especialistas, este proceso genera, por un lado, apertura cultural y diversidad, sin embargo, plataformas como Airbnb han acelerado el encarecimiento del suelo habitacional, reducen los periodos de residencia y propician la expulsión de habitantes tradicionales.
Fuente: Infobae
