El legendario cantante y compositor sinaloense Chalino Sánchez, conocido como El rey del corrido, llegó al Palacio de Bellas Artes de la forma menos esperada.
Secuestrado y asesinado a los 31 años, en 1992, lo hace no con sus corridos ni su música, sino como una pieza artística que usa su efigie para reafirmar los nexos entre la “alta cultura” y la popular, así como el espíritu de resistencia, contestario, provocador y lúdico del arte chicano, esa expresión artística visual nacida en los años 60 durante el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos, que reivindica la identidad de los estadunidenses de ascendencia mexicana.
De Guadalupe Rosales, la obra que recrea el rostro de aquel músico sobre un cristal que semeja un holograma forma parte de la colectiva AztLÁn, túnel del tiempo, la primera exposición de arte chicano que se monta en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
Abierta al público desde ayer y hasta el 23 de agosto, la muestra no sólo “es histórica” por lo que significa y representa, sino también por el pago de una deuda con la cultura y el arte chicanos, subrayó Mauricio Maillé, director del recinto.
“Es una exposición muy emblemática, significativa e importante en la historia del arte en México, con estos vínculos que han tenido nuestras comunidades mexicanas a lo largo de la historia en Estados Unidos”, sostuvo. “Es un ajuste de cuentas que celebramos y que nos enorgullece presentar finalmente” en el máximo recinto cultural del país.
La muestra, curada por el artista Rubén Ortiz Torres y el cineasta e investigador Jesse Lerner, ocupa las salas Nacional y Diego Rivera del museo. Reúne obras de 33 artistas y colectivos contemporáneos, en su mayoría radicados en Los Ángeles, California, que representan a varias generaciones de creadores de ascendencia mexicana y latina.
Fuente: La Jornada
