Por Art1llero
La comparecencia del titular de la Procuraduría del Medio Ambiente en Veracruz fue, más que desafortunada, profundamente penosa en lo personal y agraviante en lo público. Sus “argumentos” no solo carecieron de sustento, sino que resultaron abiertamente ofensivos para la inteligencia de una sociedad que ha sido testigo directo de la magnitud del daño.
Tras casi veinte días de silencio, el funcionario optó por una salida burocrática, negar la catástrofe ecológica escudándose en la absurda coartada de la “falta de reportes oficiales”. Como si la devastación necesitara validación administrativa para existir.
Al desestimar la evidencia documentada, persistente y acumulada, no solo exhibe una desconexión alarmante con la realidad, sino que se coloca como un lastre político para el propio gobierno al que sirve y representa.
Negar la realidad no contiene la crisis, la agrava.
