Por: Art1llero
Se suele decir que la primera víctima de la guerra es la verdad; en los conflictos actuales, sin embargo, el factor decisivo es otro, el tiempo. Antes de que los hechos se asienten, ya hay una narrativa que los ordena, los simplifica y, con frecuencia, los distorsiona.
Hoy, esa narrativa dominante insiste en que Irán está perdiendo la guerra frente a Estados Unidos e Israel. El problema es que los datos cuentan una historia más incómoda y menos simplista.
Para entender lo que verdaderamente está ocurriendo en Medio Oriente, vamos a citar el artículo publicado el 17 de marzo de 2026 en “Foreign Affairs, titulado “How America’s War on Iran Backfired: Tehran Will Now Set the Terms for Peace”. Su autor, Nate Swanson, exdirector para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y actualmente asociado al Atlantic Council, plantea una tesis que rompe con la lectura dominante: Irán no está ganando en el plano militar convencional, pero tampoco está perdiendo en términos estratégicos.
Esta distinción es, de hecho, el núcleo del conflicto.
Swanson sostiene que, tras los golpes iniciales, severos, precisos y con clara superioridad tecnológica por parte de Washington y Tel Aviv, la guerra ha mutado hacia un terreno donde la ventaja ya no depende de la capacidad de destruir más rápido, sino de resistir más tiempo. Es decir, una guerra de desgaste (war of attrition).
Y en ese terreno, Irán juega con reglas distintas.
Teherán no busca una victoria clásica, no pretende ocupar territorio enemigo ni alcanzar supremacía aérea; su objetivo es otro, prolongar el conflicto lo suficiente para elevar los costos del adversario a niveles política y económicamente insostenibles. Esto incluye el desgaste de los sistemas de defensa antimisiles de Israel y Estados Unidos, la disrupción persistente en el Estrecho de Ormuz, arteria crítica del comercio energético global, y el uso sistemático de actores proxy (aliados de Irán), que permiten mantener presión constante sin exponerse a una confrontación directa total.
En esa lógica, la supervivencia del régimen no es un resultado secundario, es la condición de victoria.
El propio Swanson advierte que Washington enfrenta una disyuntiva incómoda, o acepta límites operativos, lo que implicaría, en términos prácticos, reconocer la capacidad de resiliencia iraní, o escala el conflicto hacia niveles cuyos costos internos podrían volverse políticamente inviables.
En otras palabras, lo que se proyectaba como una operación de rápida decapitación estratégica se ha transformado en un conflicto abierto sin salida clara con efecto “backfire”.
La opinión de Swanson, coincide con el artículo publicado en el Carnegie Endowment for International Peace, donde el analista Eric Lob, ha señalado recientemente que las divergencias entre Washington y Tel Aviv complican cualquier desenlace. Mientras Estados Unidos parece inclinarse por una degradación limitada de capacidades, Israel mantiene como horizonte el colapso total del régimen iraní. Esa falta de alineación estratégica, lejos de debilitar a Teherán, le abre espacio para prolongar el conflicto y evitar una derrota decisiva.
En la misma línea, expertos del Atlantic Council coinciden en un punto clave: Irán calcula (no sin fundamento) que puede absorber más dolor que sus adversarios; no porque sea más fuerte, sino porque su umbral de tolerancia política, social y económica es distinto. Y en una guerra de desgaste, ese factor pesa tanto como cualquier sistema de armas.
El resultado es un escenario que desmiente las lecturas binarias.
Sí, Irán ha sufrido pérdidas significativas. Sí, la superioridad militar de Estados Unidos e Israel es evidente.
Pero ninguna de esas dos afirmaciones equivale, por sí misma, a una derrota estratégica.
Lo que se configura en realidad, es un empate costoso, inestable y prolongado, donde la resolución difícilmente llegará por la vía de una victoria militar total.
Y eso abre paso a otro escenario: un desenlace negociado y condicionado, no por quién destruyó más, sino por quién resistió mejor.
Este texto está basado en el artículo publicado en la revista Foreign Affairs, titulado “How America’s War on Iran Backfired: Tehran Will Now Set the Terms for Peace”, de Nate Swanson, exdirector para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y actualmente asociado al Atlantic Council.
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