Antes de ejecutar su último salto en el Campeonato Mundial de Atletismo Bajo Techo, Erick Portillo volteó a las gradas en la Arena Torun de Polonia y animó al público con aplausos. Miró fijamente el colchón y con un semblante sereno se encaminó a librar la barrera de los 2.30 metros que lo llevarían al podio.
Ocho segundos después, el especialista en salto de altura concre-tó la hazaña. Gritó tan fuerte como pudo y corrió a festejar su inédi-ta plata con su mentor, Édgar Rivera, referente de su disciplina en nuestro país.
“Estoy muy feliz por lo que conseguí. Es una presea histórica para México y me siento increíble. Fue una competencia muy divertida que le dedico a todos los que creyeron en mí”, compartió el chihuahuense, quien logró su mejor registro y consiguió el primer metal para nuestro país en este tipo de justas desde hace 27 años.
El éxito de Portillo, de 25 años de edad, no es casualidad. Ante el poco desarrollo y falta de difusión de su disciplina prefirió mudarse a Albuquerque en su adolescencia y después a Tampa, Florida, en busca de un entrenador que explotara sus cualidades. Sus condiciones económicas eran tan precarias que incluso tuvo que dormir en una bodega, debajo de las gradas donde entrenaba.
Casi 10 años después tiene una medalla de plata mundial; el bien más preciado de su carrera.
“Las semanas previas a este campeonato fueron estresantes, porque no sabía si clasificaría. Al final todo valió la pena.”
Fuente: La Jornada
