Alguien como tú.
Gladys de L. Pérez Maldonado.
Cada año, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se convierte en un espacio de memoria, protesta y reflexión colectiva. En México, el 8 de marzo no es una fecha ceremonial, es un día en el que miles de mujeres toman las calles para recordar a quienes ya no están, denunciar las violencias que persisten y exigir transformaciones profundas en las estructuras sociales, políticas y jurídicas del país.
El 8M de 2026 se desarrolló en un contexto particularmente significativo. México vive un momento político inédito con la presidencia de Claudia Sheinbaum, la primera mujer en ocupar el cargo más alto del Estado mexicano. Este hecho histórico ha reconfigurado parte del debate público sobre la igualdad de género. Sin embargo, la presencia de una mujer en el poder no ha diluido las consignas feministas; por el contrario, ha renovado la exigencia de que las promesas de igualdad se traduzcan en políticas públicas efectivas y en cambios estructurales que impacten la vida cotidiana de millones de mexicanas.
Las consignas que resuenan en las marchas de este año reflejan una agenda compleja y multidimensional. “Ni una menos”, “Vivas nos queremos” y “Justicia para todas” siguen siendo gritos centrales frente a la persistente violencia feminicida. A pesar de avances legislativos, México continúa enfrentando niveles alarmantes de violencia contra las mujeres. Cada consigna es, en realidad, un recordatorio de la deuda histórica del Estado con las víctimas y sus familias.
Pero las demandas del 8M ya no se limitan únicamente a la erradicación de la violencia. En las calles también se escuchan reclamos por igualdad salarial, acceso efectivo a la justicia, sistemas de cuidados dignos y reconocimiento del trabajo doméstico. Las mujeres mexicanas han ampliado el horizonte de su lucha, buscan no solo sobrevivir, sino vivir con dignidad, autonomía y libertad.
En este escenario, una de las consignas más potentes del movimiento feminista contemporáneo es la exigencia de políticas públicas que reconozcan las desigualdades estructurales que atraviesan a las mujeres. No todas viven las mismas condiciones. Las mujeres indígenas, las trabajadoras del hogar, las migrantes y las jóvenes enfrentan múltiples formas de discriminación que profundizan su vulnerabilidad. Por ello, el feminismo mexicano del siglo XXI se ha vuelto cada vez más interseccional y crítico frente a las instituciones.
El 8M también es una jornada de memoria histórica. Las consignas que hoy llenan las plazas y avenidas son herederas de décadas de lucha de mujeres que abrieron camino en la academia, en la política, en los movimientos sociales y en los tribunales. Gracias a esas luchas hoy existen leyes, instituciones y mecanismos de protección que hace apenas unas décadas parecían impensables.
No obstante, la distancia entre la norma y la realidad sigue siendo uno de los grandes desafíos del país. México cuenta con un marco jurídico robusto en materia de igualdad y derechos de las mujeres, pero su implementación enfrenta obstáculos institucionales, culturales y presupuestales. De ahí que muchas de las consignas del 8M estén dirigidas precisamente a exigir que las leyes se conviertan en realidades tangibles.
La movilización del 8 de marzo también ha transformado el espacio público. Las marchas feministas se han convertido en una de las expresiones sociales más significativas de la última década en México. Lejos de ser un fenómeno pasajero, representan una generación de mujeres que ha decidido romper el silencio, disputar narrativas y reclamar su lugar en la vida democrática, inclusive con uso de la violencia y se vale, pues de otra manera no somos vistas, ni escuchadas.
Las consignas del 8M 2026 no son únicamente palabras pintadas en carteles o coreadas en las marchas. Son diagnósticos sociales, demandas políticas y también proyectos de futuro. Cada grito colectivo refleja la convicción de que la igualdad no puede seguir siendo una promesa postergada.
En última instancia, las consignas de la mujer mexicana en este 8 de marzo revelan algo fundamental, el feminismo en México no es una moda ni una coyuntura, sino un movimiento histórico que continúa reconfigurando la conversación pública sobre justicia, democracia y derechos humanos. Mientras exista una sola mujer que enfrente violencia, discriminación o exclusión, las calles seguirán siendo el espacio donde las mexicanas recuerdan al país que la igualdad no se concede: SE CONQUISTA…
