Edgard González Suárez
Sin duda el año 2026 estará marcado por el ataque de los EEUU a Venezuela, el secuestro de Nicolas Maduro y la regresión progresista en la región latinoamericana.
Podemos definir tres grandes motivacionesde Trump en su ofensiva contra un estado soberano, como Venezuela y su política hacia América Latina y es una combinación de intereses geopolíticos (Destacar la supremacía militar, política e ideológica norteamericana en la región), los intereses económicos de las grandes corporaciones norteamericanas y del complejo industrial y militar (control del petróleo venezolano) y los intereses de largo plazo y de mantenimiento del sistema de dominación americano (reducir y limitar la influencia de China y Rusia en la región).
Trump ha revivido la llamada Doctrina Monroe que establece claramente que América Latina debe estar libre de injerencias extranjeras, en una franca alusión a los crecientes intereses económicos tanto de Rusia, pero sobre todo de China en varios países latinoamericanos. Desde su llegada al Poder, en este segundo periodo, Trump ha dejado claro que él llego al gobierno americano para proteger los intereses económicos de los Estados Unidos y que pondría al frente de sus objetivos el “American first”, es decir, primero los Estados Unidos y luego los demás.
El ataque a un país soberano como Venezuela, y el secuestro ilegal del Presidente Maduro, pero sobre todo la modalidad y tipo de ataque han dejado dudas en varios analistas y observadores de todo el mundo. La sola posibilidad de secuestrar a un jefe de estado pasándose por el arco del triunfo la ley internacional y la propia ley americana, bajo el pretexto, de la seguridad nacional, representa un mensaje de fuerza, capacidad, supremacía y dominación sobre la región. Los únicos que han salido a celebrar dicha acción son los fascismos anidados en la región, el ultraderechismo argentino, ecuatoriano, salvadoreño y por supuesto venezolano en el exilio.
Lo realizado en esta operación militar desde luego no es propiamente una invasión. NO hay soldados norteamericanos en suelo venezolano, no hay caída del régimen, no hay control de las instituciones estratégicas: aeropuertos, medios de comunicación, Asamblea Nacional, Ejercito, y de manera “sospechosa” Delcy Rodríguez, Vicepresidenta de Venezuela, asume la presidencia en Venezuela y el Gobierno americano la avala y legitima. Y lo que sí sentimos fue un largo impasse y una reacción tardía tanto de la izquierda y el progresismo latinoamericano que quedó pasmado ante una operación quirúrgica para detener y secuestrar a Nicolas Maduro.
Los “cargos” en contra de Maduro son por fomentar el narcotráfico hacia los estados unidos, y proteger a los cárteles de la droga. No se habla de democracia, de ilegitimidad, de fraude electoral, de libertades, sino del argumento favorito, desde la lógica de la seguridad nacional, que enarbola Donal Trump para bombardear países, intervenir electoralmente -Argentina, Honduras, Chile, recientemente- o secuestrar a presidentes como lo pudimos ver por televisión.
Lo que si quedo claro en la famosa conferencia de prensa del sábado 3 de enero es que de lo que esta hablando Trump es de petróleo, de recursos naturales, del incremento de negocios de las industrias petroleras americanas en Venezuela quien posee las mayores reservas de petróleo del mundo, no es precisamente que Venezuela no comerciara petróleo con los estadounidenses, sino que quiere bloquear todo negocio petrolero de Venezuela con China y Rusia. La operación militar parece estar dirigida más bien a invertir la correlación de fuerzas -teniendo secuestrado a Maduro- y negociar nuevas ventajas para las petroleras americanas y detener cualquier flujo del petróleo hacia países que ya declaró enemigos.
El régimen tiene el apoyo popular y por eso Trump no invadió Venezuela, pero sí demostró que esta acorralado y urgido para redefinir los términos de a donde va a acabar finalmente el petróleo Venezolano.
Finalmente, el mensaje político a la comunidad internacional es: allá donde estén en peligro los intereses norteamericanos, el Gobierno encabezado por Donald Trump defenderá política, ideológica y militarmente sus intereses, y en el discurso más desafiante que le hayamos escuchado, el fascista presidente americano declaro: “…y quien quiera desafiarnos que lo intente estamos preparados”. Esto por supuesto llena de incertidumbre a Venezuela, a la región, a los gobiernos defensores de la soberanía nacional, impone la sombra de la dominación militar para obtener los recursos naturales que les hacen falta a los gringos, y desde luego, con sus acciones ilegales y de fuerza, legitima que otras potencias actúen de esa misma manera en otras regiones.
Trump busca imponer un modelo de dominación en Latinoamérica y con ello frenar las políticas redistributivas y soberanistas de los gobiernos progresistas y legítimamente electos en la región.
