El problema es la distracción y no saber utilizar la tecnología con propósito.
Prohibir redes sociales, videojuegos o contenidos ajenos durante una clase puede ser necesario, pero expulsar la tecnología de la educación sería educar para un mundo que ya no existe.
Vivimos entre inteligencia artificial, automatización, robótica e Internet de las Cosas. Por eso debemos combatir también un nuevo riesgo: el analfabetismo tecnológico.
Nuestros niños y jóvenes necesitan aprender a investigar, verificar información, analizar datos, utilizar inteligencia artificial, desarrollar ciencia, crear conocimiento y convertir la tecnología en productividad.
La escuela no debe enseñar simplemente a vivir sin celular, sino algo mucho más difícil: autocontrol, disciplina y propósito.
Prohibir puede detener una distracción durante algunas horas.
Educar puede transformar una conducta para toda la vida.
#ParaSerMejores sabiduría e inteligencia
Dr. Jeremías Zúñiga Mezano
