Por Dr. Jeremías Zúñiga Mezano
Entre 2021 y 2025 fueron aproximadamente 4,807 menores asesinados intencionalmente.
Pero detrás de cada número había un nombre, una familia, una escuela, sueños y una vida que apenas comenzaba.
El reciente multihomicidio de Atizapán vuelve imposible ignorar esta realidad.
Jonathan Meléndez fue asesinado junto con su esposa embarazada, su hija de apenas tres años y una joven que trabajaba con la familia. Un pequeño de seis años sobrevivió.
Y entonces surge una pregunta que debería estremecernos:
¿Qué conflicto podía tener una niña de tres años para que alguien decidiera quitarle la vida?
Veracruz también ha registrado casos donde familias completas han sido asesinadas y menores terminaron entre las víctimas.
¿Qué está pasando con nuestra sociedad?
¿Es un problema de educación, familia, pérdida de valores, normalización de la violencia, crimen, armas o impunidad?
Probablemente estamos frente a una combinación de todos estos factores.
México necesita policías y fiscalías eficaces.
Pero necesita algo todavía más profundo:
recuperar límites, reconstruir valores y volver a entender que ninguna venganza, deuda, diferencia o conflicto puede convertir a un niño en objetivo.
Porque cuando una sociedad comienza a acostumbrarse al asesinato de sus niños, el problema deja de ser solamente de seguridad.
Se convierte en un problema familiar, educativo, psicológico, institucional y profundamente moral.
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