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México enfrenta el reto de convertir su fortaleza marítima en crecimiento para la industria nacional


Jesús Utrilla / NV Noticias


El comercio marítimo internacional atraviesa uno de sus periodos de mayor transformación en décadas y México se encuentra ante una oportunidad que podría redefinir el papel de sus puertos dentro de las cadenas globales de suministro. José Manuel Urreta Ortega, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria del Transporte Marítimo (CAMEINTRAM), consideró que el momento actual obliga a mirar al sector más allá del movimiento de mercancías, y fortalecer toda la cadena vinculada con la actividad marítima nacional.


El escenario internacional es complejo. Las tensiones geopolíticas alteraron rutas tradicionales, mientras que los problemas de seguridad y las condiciones climáticas provocaron cambios en los recorridos de las embarcaciones y presiones sobre los costos logísticos.


Por ejemplo, en el Estrecho de Ormuz el tráfico marítimo se desplomó y sigue muy por debajo de sus niveles habituales, el pasado 26 de agosto solamente transitaron 10 buques de carga, frente a un promedio móvil de 15.

En tanto, se impusieron restricciones preventivas de tránsito en el Canal de Panamá, ante la expectativa de menores niveles de agua asociados con fenómeno de El Niño, limitando los tránsitos a 34 diarios buques, y a 32 a partir del 15 de septiembre.


Ante ello, “México cuenta con una ventaja geográfica que adquiere mayor relevancia frente al proceso de relocalización de empresas y la necesidad de las compañías internacionales de diversificar sus cadenas de suministro”, sostuvo el presidente de CAMEINTRAM.


Los números del sistema portuario nacional muestran que la actividad continúa creciendo en segmentos importantes. La Coordinación General de Puertos y Marina Mercante reporta información preliminar acumulada hasta julio de 2026, con registros de carga, buques, pasajeros y movimiento de contenedores.


Uno de los indicadores que refleja esta dinámica es el movimiento de contenedores. Durante el primer semestre de 2026, los puertos mexicanos mantuvieron un comportamiento favorable en este segmento, mientras que el movimiento de vehículos por vía marítima presentó una reducción de 3.1 por ciento respecto al mismo periodo de 2025, al pasar de poco más de un millón de unidades a 978 mil 200.


“La lectura para la industria no es únicamente cuánto carga llega o sale de México, sino qué capacidad tiene el país para generar mayor valor alrededor de esas operaciones. El desarrollo marítimo debe involucrar a empresas navieras, astilleros, puertos, prestadores de servicios, proveedores especializados y trabajadores, de manera que el crecimiento del comercio exterior también se traduzca en una industria nacional más sólida”, señaló Urreta Ortega.


Uno de los grandes pendientes se encuentra en la capacidad de México para incrementar su participación en actividades que actualmente dependen en buena medida de proveedores extranjeros.

La construcción y reparación naval, el transporte marítimo de corta distancia, los servicios offshore, el cabotaje y la proveeduría especializada representan áreas en las que existe margen para ampliar la participación de empresas mexicanas. A ello se suma la necesidad de mejorar la infraestructura portuaria, pero la modernización no solamente implica construir terminales más grandes.

También significa hacer más ágiles los procesos, incorporar tecnología, mejorar la coordinación entre autoridades y operadores y reducir los tiempos que una mercancía permanece dentro de la cadena logística.


En el caso de Veracruz, uno de los principales puntos de entrada y salida de mercancías del país, esta discusión adquiere especial importancia. Durante 2026, incluso, fueron actualizadas las bases de regulación tarifaria para el uso de infraestructura portuaria de Veracruz, como parte de las disposiciones aplicables a la operación del puerto.


Otro cambio que comienza a marcar el futuro de la industria es la transición energética. Las navieras internacionales enfrentan una presión creciente para reducir sus emisiones, mientras la Organización Marítima Internacional mantiene una agenda de descarbonización que obligará a modificar gradualmente la tecnología de las embarcaciones, los combustibles utilizados y la infraestructura disponible en los puertos.


“Para México, esta transformación puede convertirse tanto en un desafío como en una oportunidad industrial. El país posee infraestructura energética, recursos naturales y una ubicación privilegiada que podrían permitirle participar en la nueva cadena de combustibles marítimos de menores emisiones”.

Urreta Ortega dijo que el sector mexicano debe anticiparse a estos cambios y no esperar a que las nuevas exigencias internacionales terminen por convertirse en barreras para las empresas nacionales.


La competencia internacional, además, ya no se limita a contar con un puerto cercano al mercado; la eficiencia, seguridad, conectividad terrestre, disponibilidad de servicios y capacidad tecnológica son factores determinantes para que una empresa decida por dónde mover sus mercancías.

“Tenemos dos extensos litorales y una posición estratégica frente a los mercados de América del Norte, Europa y Asia. El desafío consiste en transformar esa ventaja geográfica en una mayor participación nacional dentro del negocio marítimo”, sostuvo el líder de los navieros del país, y concluyó que el crecimiento del comercio exterior debe ir acompañado de una política que permita fortalecer a las empresas mexicanas vinculadas con el mar, y generar las condiciones para que una mayor parte del valor económico de las operaciones permanezca en el país.

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