Por Art1llero
En un México cada vez más polarizado, mantenerse ecuánime parece haberse convertido en un acto de resistencia. No todos nos reconocemos en el blanco o negro del discurso dominante.
Hay quienes se resisten a ser parte del coro de aplaudidores, pero tampoco se incluyen en la trinchera de quienes todo lo critican. Son esa resistencia que opta por cuestionar, contrastar y analizar desde otra óptica.
Mantener una postura y un oído propios se convierte, entonces, en un acto de rebeldía: una rebeldía con causa, con lógica y con valor.
Alejarse de ambos lados podría parecer una posición cómoda, nada más falso; quedar en el fuego cruzado, al desamparo de unos y otros, es quizá uno de los actos más valientes —y hasta heroicos— del ciudadano de nuestros tiempos.
La trampa está en hacernos creer que solo existen dos bandos. Es un falso dilema, una dicotomía construida desde la lógica de la falacia.
Pensar diferente y no tomar partido, no es indefinición; a veces, simplemente, es negarse a pensar en blanco y negro.
