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¿Quién se ha llevado mi queso?: El dilema de la radio en México

Por Art1llero

El cierre de La Primerísima 92.7 Fm en la región de Los Tuxtlas, Veracruz, es el síntoma de una metamorfosis profunda y dolorosa que sacude los cimientos de la radiodifusión en México. Cuando Mario Malpica, propietario de la concesión, decidió “bajar el switch”, no solo se apagó una frecuencia; se evidenció la fragilidad de un modelo de negocio que, para muchos, se ha vuelto insostenible frente a la vorágine digital.

La metáfora del libro ¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Johnson, sigue siendo vigente para entender la crisis de la radio.

Durante décadas, el “queso” de los radiodifusores mexicanos –audiencia, prestigio e ingresos–, estaba depositado en el espectro radioeléctrico y los presupuestos gubernamentales; pero el laberinto cambió.

Hoy la audiencia ya no es cautiva, escucha contenidos en streaming, consume podcasts, sigue transmisiones en video, interactúa en redes sociales y decide en qué momento y en qué dispositivo informarse o entretenerse. El control dejó de estar en la cabina y pasó a las manos del usuario.

Muchos radiodifusores entendieron ese cambio, otros simplemente lo ignoraron.

Según cifras del desaparecido Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), en México existen más de dos mil estaciones de radio concesionadas entre emisoras comerciales, públicas y sociales. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un fenómeno silencioso: la devolución de concesiones.

La ecuación es conocida dentro del sector; costos de operación elevados, obligaciones regulatorias, caída de ingresos publicitarios tradicionales y un mercado cada vez más fragmentado.

Al mismo tiempo, el dinero de la publicidad está migrando con rapidez hacia otros territorios.

El estudio Valor Total Media 2025, elaborado por la Alianza por el Valor Estratégico de las Marcas y la IAB México, muestra con claridad el nuevo mapa, más del 58% de la inversión publicitaria en México ya se concentra en medios digitales.

La radio tradicional mantiene relevancia social, pero compite ahora con un ecosistema de audio digital que crece a tasas de doble dígito.

El mercado no desapareció, simplemente cambió de lugar.

El gran desafío de la radio no ha sido solo tecnológico, sino de mentalidad. Muchos empresarios radiodifusores se acostumbraron a vivir del “queso” que proveía el presupuesto gubernamental. Al tener un ingreso garantizado por el Estado, descuidaron las ventas del mercado privado y, lo más grave, la calidad de sus contenidos.

Esta dependencia generó una radio anacrónica, programaciones lineales, repetitivas y desconectadas de las nuevas exigencias de una audiencia que ahora tiene el control absoluto de qué, cuándo y dónde escuchar.

Es justo reconocer que la industria no pelea en igualdad de condiciones. Mientras las plataformas digitales operan con una regulación mínima, la radio concesionada enfrenta:

• Cargas fiscales específicas y tiempos oficiales que merman su capacidad comercial.

• Altos costos de refrendo de concesiones.

• Obligaciones tributarias y técnicas que no se han ajustado a la realidad de un mercado en crisis.

Para que la radio subsista y cumpla con su función social –especialmente en regiones donde el internet aún es un lujo– es urgente una revisión del marco normativo que alivie la presión financiera sobre las emisoras locales.

La buena noticia es que “el queso” no ha desaparecido, simplemente ha cambiado de sitio. La radio que evoluciona es aquella que entiende que ya no es solo una “estación”, sino UN GENERADOR DE CONTENIDOS MULTIPLATAFORMA.

A nivel nacional, Radio Fórmula es el referente de esta metamorfosis. No se limitaron a transmitir audio; transformaron sus cabinas en centros de broadcasting de alta definición, reclutaron a los periodistas más influyentes y hoy su contenido vive simultáneamente en la radio tradicional, en streaming, en redes sociales y en video bajo demanda.

A nivel local, en el estado de Veracruz, la XEU Noticias de Grupo Pazos, ha demostrado que la cercanía con la gente y la tecnología son aliados naturales. Con una estrategia 360 (App, sitio web, redes sociales y WhatsApp), han logrado que su noticiero no solo se escuche, sino que la audiencia interactúa en tiempo real en diversas plataformas, manteniendo su liderazgo comercial y social, y por ende, político.

El cierre de estaciones como La Primerísima es un recordatorio de que, en la era de la información, el mayor riesgo no es la competencia del internet, sino la parálisis ante el cambio. Los radiodifusores que sigan esperando que “el queso” regrese al viejo rincón del presupuesto oficial están condenados a la extinción. La oportunidad reside en la resiliencia y la innovación, en entender que LA ESENCIA DE LA RADIO NO ES EL TRANSMISOR, SON SUS CONTENIDOS DE ALTA CALIDAD y la confianza y el vínculo con su comunidad.

CIRT | Stirtt Nacional | STIRTT Sección Veracruz | IMER, Instituto Mexicano de la Radio

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