Por Art1llero
La intriga y la insidia caminan de la mano de la mediocridad; son fuerzas que operan en la penumbra, tejiendo redes de descrédito donde el talento no puede ser superado por el mérito. A este pacto se une la envidia, ese enojo visceral que no busca la superación propia, sino la destrucción de lo ajeno.
Para el mediocre, el brillo del trabajo, el esmero y la dedicación no es una inspiración, sino una afrenta que debe ser sofocada.
Es la rebelión de lo gris contra la excelencia; quien carece de luz propia intenta apagar la de los demás, pues en la oscuridad todas las estaturas parecen iguales. La mediocridad no compite; conspira.
No temas, pues, al hombre mediocre, como el león no teme a la hiena; aunque el león es fuerte y decidido, sabe que la naturaleza de la hiena es cobarde; sin embargo, nunca deja de mantenerla vigilante.
La fuerza del noble reside en su capacidad y su entrega, pero la del mediocre descansa exclusivamente en la traición.
