El anuncio de la construcción de Coatlicue, que será la supercomputadora pública mexicana más poderosa de América Latina, con una inversión pública de 6 mil millones de pesos y un plazo de fabricación de 24 meses a partir de enero 2026, abre una expectativa positiva para la comunidad científica del país.
“Es una gran noticia escuchar que se destinarán recursos significativos en cómputo de alto rendimiento. Llevábamos varios años sin inversión en este rubro”, afirmó a La Jornada Isidoro Gitler, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.
El anuncio llega como “oxígeno” en un contexto marcado por rezagos acumulados en la infraestructura nacional de supercómputo: los centros existentes tienen una capacidad limitada, con equipos que no han sido renovados desde antes de la pandemia y que resultan insuficientes frente a la demanda científica y al auge de la inteligencia artificial.
A esto se suman las desigualdades regionales, ya que zonas como el sur del país tienen acceso limitado a esta tecnología; la falta de colaboración e intercambio de recursos entre los centros, y la ausencia de una articulación integral para aprovechar de forma eficiente la infraestructura disponible.
Gitler señaló que la mayor parte de los sitios de supercómputo en el país “tienen equipos que ya dieron en años lo que tenían que dar, con tecnología envejecida, y en muchos de éstos ni siquiera es fácil conseguir refacciones o mantenerlos funcionando en óptimas condiciones.
“Desde la Red Mexicana de Supercómputo ya habíamos señalado que era necesario que México adquiriera plataformas con otras capacidades computacionales que las existentes. Por eso, que llegue una noticia como la que tenemos ahora es muy relevante”, reiteró.
Fuente: La Jornada
