En México, la elección de jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte —que en teoría debería marcar un hito democrático— ha evidenciado otra realidad. Se trata de la pobreza estratégica de la oposición, tanto partidista como social. Mientras el país se transforma política e institucionalmente bajo la bandera de la Cuarta Transformación, quienes se oponen a ella parecen atrapados en el juego del discurso, el debate moral y la indignación en redes. Pero, como bien sabe cualquiera que haya gestionado poder real, las políticas públicas no cambian con hashtags ni con columnas editoriales. Cambian con instituciones, leyes, votos… y poder.
La Cuarta Transformación, creada con precisión quirúrgica por el expresidente López Obrador, entendió una verdad que la oposición no quiere aceptar. Quien diseña el sistema es quien controla el tablero. La crítica al lopezobradorismo ha sido constante, pero carente de músculo político y trabajo real. Se denuncia la destrucción de instituciones, el retroceso democrático, el culto a la personalidad. Todo esto puede ser cierto. Pero, ¿y luego qué? ¿Dónde está el modelo alternativo? ¿Dónde están los liderazgos capaces de traducir indignación en votos y proyectos? ¿Dónde está la acción sostenida más allá de la queja?
Este vacío se ha vuelto más evidente con la reciente elección judicial. La oposición —partidos, opinadores, think tanks— ha centrado sus esfuerzos en descalificar el proceso, poner en duda la legitimidad de los perfiles y cuestionar el origen partidista de los aspirantes. Y aunque estos señalamientos son válidos y necesarios, han perdido eficacia por exceso de repetición y falta de estrategia. Hablan mucho… pero construyen poco.
El problema de fondo es que esta oposición —fragmentada, reactiva, elitista— no ha comprendido que la construcción de un país no se logra únicamente desde el púlpito mediático. Mientras ellos apelan a la ética en conferencias y columnas, Morena consolida estructuras, gana elecciones, impulsa reformas y toma decisiones. La izquierda gobernante ha sido pragmática. Ha entendido que, para transformar, hay que estar en el poder… y ejercerlo.
La paradoja es brutal. La oposición se queja de no tener el control de las instituciones, pero no ha hecho el trabajo de campo, político, cultural y electoral que le permita ganarlo. Han despreciado el trabajo comunitario, han subestimado el hartazgo social, han confundido el debate académico con el cambio real. En lugar de generar propuestas educativas, económicas, de salud, seguridad, judiciales o medioambientales de impacto, siguen atrapados en la nostalgia del México que fue… y que ya no será.
Mientras tanto, la Cuarta Transformación avanza. No por infalible, sino porque sus adversarios prefieren ganar la discusiones… que ganar elecciones.
Si la oposición quiere realmente disputar el rumbo de México, deberá dejar de actuar como comentarista de su propia derrota. Solo entonces entenderán que gobernar no es un ejercicio moral, sino una batalla estratégica por la realidad. Y que la historia no la escriben los más indignados, sino los que construyen sistemas que funcionan.
#ParaSerMejores sabiduría e inteligencia
Dr. Jeremias Zuñiga Mezano
